Concordia: Cuando el sueldo y la jubilación no alcanzan, la feria es el último recurso
La realidad económica golpea a los hogares de Concordia, forzando a muchos a buscar ingresos extra para cubrir lo básico.
La Plaza 25 de Mayo se convierte cada fin de semana en un escenario de resistencia, donde feriantes con ingresos formales luchan por llegar a fin de mes.
El crudo invierno concordiense, con temperaturas gélidas que rozaron los 0°C, no es el único desafío que enfrenta la ciudadanía. La apremiante situación económica obliga a miles de familias a estirar sus ingresos más allá de lo posible, agotando salarios y jubilaciones mucho antes de fin de mes. En este panorama desolador, la tradicional feria de la Plaza 25 de Mayo no es solo un espacio de encuentro y artesanía, sino un verdadero campo de batalla donde vecinos con ingresos formales buscan desesperadamente un auxilio económico para cubrir sus gastos más básicos, dejando al descubierto la profunda crisis que atraviesa Concordia.
Iris Camors, docente de la escuela N° 69 “Malvinas Argentinas” en La Bianca, es un claro ejemplo de esta realidad. Con su emprendimiento “Creaciones Iris”, elabora mochilas, neceseres y ajuares para bebés, adquiriendo los insumos en mercerías locales, en un circuito económico que busca ser virtuoso. Aunque sus ventas en la feria, donde expone desde 2021, le permiten “recuperar el gasto”, admite que “está todo quedado, quieto”, reflejando la dificultad generalizada. Para Iris, madre de dos hijos menores, este ingreso extra no es un capricho, sino la forma de “amortiguar las necesidades que tiene la familia, que van desde un calzado hasta la comida”, con precios de cartucheras que van de $4.000 a $30.000 según la complejidad.
Otro testimonio es el de Sirley, la creadora de “Productos Doña Sirley”, quien desde hace 27 años transforma frutas en almíbar, licores y mermeladas, con precios que oscilan entre los $4.000 y $8.000. Jubilada con la mínima, que apenas alcanza los $470.000 mensuales, su emprendimiento es su “modo de vida”, fundamental para solventar gastos como parte del estudio de su hijo. La veteranía no la exime de la preocupación: “las ventas bajaron mucho”, asegura, mientras los vecinos priorizan “las cosas que son más necesarias”. Ni el frío “curtido” ni la sucesión de partidos de fútbol mundialista, que ‘encierra’ a la gente, detienen su voluntad de seguir peleándola en la plaza.
Roque Alfredo Gómez, con 25 años ininterrumpidos en la Plaza 25 de Mayo, representa la perseverancia y el arraigo al oficio. Sus ‘canastos leñeros’, elaborados con lonjas de madera de sauce, son fruto de un minucioso proceso que puede insumir un día entero de trabajo para un solo canasto grande, con precios que varían entre los $40.000 y $60.000. Gómez, quien también es herrero y utiliza esta habilidad para reforzar sus piezas, destaca la unicidad de su técnica en la ciudad. A pesar de haber vivido de su producción durante un cuarto de siglo, también percibe el parate: “Está medio tranqui la cosa y el día no acompaña mucho”, lamenta el artesano, que se prepara para la Feria del Poncho en Catamarca.
Las historias de Iris, Sirley y Roque no son casos aislados, sino el pulso de una Concordia que se resiste a caer. Sus manos laboriosas, expuestas al frío y a la incertidumbre económica, son el reflejo de miles de hogares que, a pesar de tener un empleo formal o una jubilación, se ven forzados a buscar alternativas creativas para subsistir. La feria de la Plaza 25 de Mayo, más allá de su encanto artesanal, es hoy un símbolo de la lucha cotidiana, una demostración de que para muchos, el ingreso ya no alcanza, y la dignidad se construye día a día, con esfuerzo y la esperanza de un futuro menos incierto.
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