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Crisis en la peatonal de Concordia: alquileres millonarios y desplome del consumo ponen en jaque a los comercios

Los comerciantes de la céntrica peatonal de Concordia atraviesan un momento crítico, enfrentados a alquileres que alcanzan cifras millonarias mientras las ventas caen en picada. Esta ecuación insostenible, agravada por altos costos fijos y el oneroso estacionamiento medido, genera un panorama desolador y la amenaza de cierre para numerosos locales.

La peatonal de Concordia, otrora motor comercial, hoy exhibe un rostro de profunda preocupación. Comerciantes luchan por mantenerse a flote ante una combinación explosiva de alquileres desorbitados y una caída dramática en las ventas, a lo que se suman costos fijos incontrolables y la polémica tarifa del estacionamiento medido. Un escenario de incertidumbre se instala entre los pasillos comerciales, encendiendo las alarmas sobre la viabilidad de la actividad.

El pulso de la calle lo confirma Brian, propietario de un bazar, quien describe ventas «muy tranquilas», exceptuando los días de cobro o la esporádica visita turística. Señala que mayo y junio son meses de temporada baja, con menos afluencia de turistas uruguayos y brasileños que antes motorizaban las compras, y un consumidor local que «compara mucho los precios» y prioriza la comida (la carne está cara), dejando de lado los «gustos». Laura, socia gerente de un local de lencería con varias sucursales en el centro, corrobora la tendencia con cifras concretas: «estamos vendiendo un 25 % a lo que trabajábamos antes», y añade que ni siquiera las liquidaciones logran atraer a una clientela con «bolsillos flacos» que no llega a fin de mes.

Pero el golpe más duro, según el consenso de los comerciantes, proviene del costo de los alquileres. Brian lo califica de «locura»: «Te lo suben, pero no te suben $20.000 o $30.000. Suben mucho». Los ejemplos son elocuentes: un local chico puede rondar los 3 millones de pesos mensuales, y uno mediano, 5 millones. «¿Cuántas remeras tenés que vender para llegar a esos 3 millones?», se pregunta Brian, refiriéndose a un local de indumentaria que vende prendas de $9.000. «Y solo para el alquiler. Ni hablar si tenés empleados, la luz, los impuestos». Laura, por su parte, tuvo que mudar uno de sus locales, que pagaba 6 millones, a una calle adyacente donde los alquileres oscilan entre 500.000 y 700.000 pesos, una diferencia abismal que expone la distorsión de precios en la peatonal.

A este panorama desolador se suma la queja generalizada por el sistema de estacionamiento medido. Brian lo considera «otro factor que no ayuda» y remarca el impacto en la economía de los dueños: «Son $120.000 o $130.000 todo el mes porque estoy todo el día». Pero el mayor perjuicio recae en los clientes: «Es una locura que alguien venga 15 minutos al centro y tenga que pagar $1.000», o 3.000 por una hora, desalentando la permanencia y, consecuentemente, el consumo. Laura lo ratifica, describiéndolo como «un perjuicio» para los locales, con clientes que acortan sus visitas alegando que es «muy caro». Brian sugiere un censo de comerciantes y empleados para ofrecer algún tipo de descuento.

La consecuencia más visible de esta crisis es el creciente «éxodo de comerciantes» hacia zonas con alquileres más accesibles, como Diamante o Concejal Veiga. Ante este escenario, el clamor de los comerciantes es unánime: urgen medidas de alivio. Brian pide «reducir la presión impositiva y llegar a un acuerdo con los propietarios de los locales para que no suban tanto los alquileres», mientras Laura enfatiza la necesidad de «una rebaja de las tasas e impuestos municipales y provinciales». La peatonal de Concordia, epicentro comercial de la ciudad, se encuentra en un punto de inflexión, exigiendo respuestas concretas de las autoridades y los dueños de propiedades para evitar un colapso que deje un rastro de locales vacíos.

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