Crisis en la UNER Concordia: Equipos de alta tecnología parados y fuga de personal ante la asfixia presupuestaria
El paro universitario nacional tuvo alto acatamiento en la Facultad de Ciencias de la Alimentación de Concordia, evidenciando la grave situación que atraviesa la casa de estudios. La falta de presupuesto congela becas, deteriora infraestructura, paraliza proyectos clave y provoca la salida de docentes y técnicos calificados.
La Facultad de Ciencias de la Alimentación de la UNER en Concordia se sumó con fuerza al paro nacional universitario de 48 horas, una medida que puso en evidencia la asfixiante situación que atraviesa la casa de estudios. Con un acatamiento casi total en la escuela secundaria y el personal no docente, y cerca del 80% entre los docentes, la comunidad universitaria local alzó su voz ante un reclamo que, según el decano Daniel Capodoglio, lleva más de 300 días: el cumplimiento de la ley de presupuesto aprobada por el Congreso, que el gobierno nacional ignora.
La falta de actualización salarial no es solo un número frío; se traduce en una «situación complejísima» que está desmantelando los equipos de trabajo. Capodoglio alertó sobre la creciente «fuga de cerebros»: docentes y personal no docente calificado que opta por «cambiar de trabajo, abandonar la universidad o buscar alguna alternativa laboral paralela». Esta decisión extrema no solo descapitaliza el recurso humano de la UNER, sino que impacta directamente en la capacidad de investigación y extensión universitaria, pilares fundamentales de su misión.
Pero el problema va más allá de los salarios. El presupuesto destinado al funcionamiento, el que no se usa para sueldos, también ha quedado «congelado hace un montón de tiempo», a pesar de estar contemplado en la ley y en amparos judiciales. Con esos fondos, la universidad debería cubrir desde gastos de equipamiento y reparación de equipos, hasta el mantenimiento edilicio y el funcionamiento básico. Además, las becas para estudiantes, vitales para garantizar la inclusión, también permanecen estancadas, un obstáculo más para el acceso a la educación superior.
La Facultad de Ciencias de la Alimentación de Concordia sufre un golpe directo y devastador: cinco equipos de alta tecnología están completamente parados, imposibilitados de ser reparados. Esto no solo impide que los alumnos tengan contacto con «tecnología de alto nivel», crucial para su formación en una carrera de vanguardia, sino que también ha frenado proyectos de investigación y servicios esenciales que se brindaban a empresas de la región, tanto en la producción de alimentos como en mecatrónica. A esto se suman problemas edilicios mínimos, como «filtraciones de agua en la pared», que se atienden «de a poco» en un intento desesperado por evitar un mayor deterioro con los escasos recursos disponibles.
Si bien la universidad ha logrado «blindar» cuestiones «sustantivas» como el servicio de comedor para la escuela, lo hace «a costa de recortar otras cosas», generando un «impacto en términos de producción científica». La situación de la UNER Concordia no difiere mucho de la crisis que atraviesan otros niveles educativos, pero la inviabilidad para mantener equipos de tecnología avanzada es un problema inherente y crítico para la educación superior. La UNER Concordia, un motor de conocimiento y desarrollo para la ciudad y la región, se encuentra en una encrucijada, desfinanciada y al borde de un desmantelamiento silencioso que hipoteca su futuro y el de sus profesionales.
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