Concordia ahogada: ¿Por qué miles de vecinos necesitan endeudarse para vivir?
Casi tres de cada diez concordienses registran algún nivel de mora, una cifra que esconde la desesperación de familias, trabajadores y jubilados por llegar a fin de mes. Lejos de ser un problema individual, el endeudamiento masivo revela una falla sistémica que exige respuestas urgentes en nuestra ciudad.
En Concordia, la realidad es innegable y golpea a las puertas de miles de hogares: casi 3 de cada 10 personas registran algún nivel de mora en sus finanzas. Esta cifra, que emerge del Mapa de Endeudamiento del Centro de Estudios para la Ciudad, no habla solo de números fríos, sino de la lucha diaria de trabajadores, jubilados, familias y comerciantes que hacen malabares imposibles para que el sueldo alcance hasta el próximo cobro. La pregunta, entonces, ya no es si estamos endeudados, sino cómo llegamos a este punto crítico como sociedad.
Es cómodo, pero insuficiente, culpar al ciudadano por “no saber administrar su dinero”. Como bien señala el profesor Horacio Barboza, cuando el endeudamiento se convierte en un fenómeno social masivo, deja de ser un problema personal para ser un síntoma de un sistema que lo produce y lo reproduce. La deuda, para muchos, ya no es una herramienta para progresar o invertir, sino el mecanismo desesperado para sobrevivir, pidiendo dinero para saldar cuentas anteriores o cubrir gastos esenciales.
Las estadísticas nacionales del Banco Central refuerzan esta preocupación: en 2025, 19,5 millones de personas accedieron a financiamiento, pero la contracara es alarmante. Para febrero de 2026, los proveedores no financieros de crédito registraron una irregularidad del 26,9% en su cartera, con los préstamos personales alcanzando el 34,1% y tasas nominales anuales de hasta el 144%. Esto significa que el dinero se pide no para un capricho, sino para comprar la posibilidad de pagar una factura, adquirir medicamentos o llevar comida a la mesa, un precio que muchas familias terminan pagando con la propia dignidad o recurriendo al préstamo informal, un universo aún más oscuro y sin regulaciones.
Se nos insiste en la educación financiera, en saber de tasas y costos, pero es crucial avanzar hacia una verdadera educación política sobre las finanzas. No basta con explicar cómo evitar una deuda; debemos entender quién establece las reglas del juego y por qué millones de personas se ven forzadas a endeudarse para subsistir. Esta es una de nuestras grandes deudas democráticas: desde la Ley de Entidades Financieras de 1977, heredada de la dictadura, la democracia no ha logrado construir un consenso para discutir de raíz qué sistema financiero necesitamos, dejando herramientas económicas cruciales fuera del debate ciudadano.
Por eso, Concordia necesita más que diagnósticos; necesita su propio Mapa Local del Endeudamiento Familiar. Debemos preguntarnos cuánto del salario se va en cuotas, cuántos jubilados acuden al crédito para medicamentos, cuántos trabajadores piden un préstamo para pagar otro, cuántos prestamistas informales operan y, sobre todo, cuánto dinero deja de circular en nuestros barrios por el peso de los intereses. Es tiempo de dejar de preguntarle al endeudado por qué debe y comenzar a preguntarle al sistema: ¿Por qué tanta gente necesita endeudarse para poder vivir? Porque cuando el crédito es para subsistir, y no para crecer, algo fundamental está fallando en nuestra ciudad.
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