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La sangría laboral en Concordia: Más de 900 despidos y la precarización como única salida

El comercio local atraviesa una crisis profunda, con más de novecientos puestos de trabajo formales perdidos en el último año y medio. Esta contracción empuja a los trabajadores a la informalidad y a buscar sustento en aplicaciones de viajes o mensajería.

El comercio de Concordia enfrenta una hemorragia laboral sin precedentes, según denunció Juan José Simonetti, secretario general del Centro de Empleados de Comercio (CEC). En apenas un año y medio, más de novecientos puestos de trabajo formales se han evaporado en la ciudad. Si el año pasado cerró con 350 bajas, este 2024 arrancó con 120 despidos en enero y acumuló 545 más hasta agosto, una caída brutal que apenas encuentra un 20% de compensación en nuevas altas. Este panorama pinta un mercado en clara contracción, incapaz de generar empleo digno y formal.

La consecuencia más palpable de esta crisis es la precarización. Muchos de los despedidos, que antes contaban con un trabajo registrado y todos sus beneficios, hoy se ven forzados a buscar el sustento en aplicaciones de viajes y mensajería o a realizar «changas» esporádicas. Simonetti lo grafica con crudeza: «Todos los días encuentro trabajadores que no están más y se van a trabajar de Uber». Este éxodo hacia la informalidad no es una opción, sino una necesidad imperiosa para quienes de un día para el otro se encuentran sin ingresos y sin perspectivas de reinsertarse en el mercado formal.

Detrás de esta debacle, el gremialista señala directamente a la política económica del gobierno. La imposibilidad de convalidar aumentos salariales que sigan el ritmo de la inflación ha dejado los sueldos «pisados» y el poder adquisitivo de los concordienses por el suelo. «La gente no tiene plata, está endeudada», sentencia Simonetti, describiendo un escenario donde las ventas caen en picada porque los salarios no alcanzan ni para cubrir las deudas, mucho menos para el consumo. Esta retracción del mercado interno es un círculo vicioso que ahoga a los pequeños y medianos comercios, incapaces de sostener sus estructuras.

La presión económica también ha llevado a una alarmante informalización del empleo, incluso para quienes aún conservan sus puestos. Grandes supermercados «achicaron al máximo todo», obligando a empleados registrados a seguir trabajando bajo condiciones precarias, sin aportes jubilatorios, obra social o cuota sindical. Esta práctica, que se da en el centro, se vuelve moneda corriente en la periferia, donde almacenes y supermercados chicos operan casi exclusivamente en la informalidad, dejando a los trabajadores sin ninguna cobertura ni derechos. Solo las grandes cadenas históricas en la ciudad mantienen sus registros.

El impacto de esta crisis trasciende lo laboral y golpea duramente al sistema de salud. Con menos afiliados formales, el Centro de Empleados de Comercio y su obra social, OSECAC, ven cómo sus ingresos disminuyen mientras los costos de la salud, dolarizados, se disparan. Mantener un programa médico básico ya supera los $120.000 mensuales, un monto que los aportes actuales no logran cubrir. Simonetti lanza una crítica lapidaria al gobierno, acusándolo de promover una «salud de mercado» donde «el que tiene plata, que tenga salud, y el que no tiene, lamentablemente si se tiene que morir, que se muera». Esta situación lleva a que los sindicatos deban subsidiar la obra social para evitar su quiebra, mientras los hospitales públicos, únicos refugios para quienes no pueden pagar, están desbordados.

La perspectiva a corto plazo es desalentadora. Simonetti asegura que, sin un cambio radical en la política económica que permita recomponer los salarios y el poder de compra, la situación no hará más que empeorar. Los testimonios de empleados en el sindicato reflejan «situaciones casi desesperantes», con una incertidumbre que se profundiza día a día. La necesidad de preservar las fuentes de trabajo choca contra una realidad económica que parece diseñada para destruir el empleo formal y digno en Concordia, dejando a sus habitantes a merced de la precarización y la vulnerabilidad social.

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