Concordia, entre la furia del temporal y la sombra del Súper Niño: ¿Estamos listos?
La ciudad de Concordia fue azotada por un fuerte temporal que dejó destrozos, una persona fallecida y evidenció la precariedad de su infraestructura. La ayuda provincial llega, pero la amenaza inminente del Súper Niño plantea interrogantes sobre la preparación de la gestión local.
Un temporal con ráfagas de viento, ocurrido el pasado sábado en la madrugada, desnudó la vulnerabilidad de Concordia, dejando un saldo de una persona fallecida y el norte de la ciudad, especialmente Villa Zorraquín, como epicentro de la devastación. Viviendas, hoteles y comercios turísticos sufrieron daños severos, con postes y árboles arrancados de raíz, techos volados y fachadas desprendidas, sumiendo a la ciudad en 12 horas sin luz, agua potable, internet ni telefonía celular.
Frente a la magnitud de los destrozos, que generaron al menos 200 pedidos de ayuda de familias afectadas y numerosos emprendimientos destruidos, el gobernador Rogelio Frigerio respondió con el envío de $200 millones en Aportes No Reembolsables para iniciar la reconstrucción. Sin embargo, esta cifra contrasta fuertemente con la estimación de la Cooperativa Eléctrica de Concordia, que calcula en $3.000 millones solo el costo de reparación de la infraestructura energética, dejando entrever un abismo entre la ayuda recibida y la necesidad real. El municipio, por su parte, activó relevamientos y prometió exenciones impositivas para paliar la situación de los afectados.
Este evento no es un hecho aislado, sino la antesala de lo que podría ser la catástrofe del fenómeno del Súper Niño, largamente anunciado por especialistas y esperado para el último trimestre del año y el comienzo del verano de 2027. Los pronósticos apuntan a un escenario de “grave a muy grave”, con abundantes lluvias y vientos fuertes, evocando el trágico recuerdo de 2015, cuando la región sufrió la peor inundación en 50 años, con 10.000 personas evacuadas en Concordia.
El intendente Francisco Azcué, quien estuvo al frente del operativo de emergencia, reconoció que, si bien el evento climático es inevitable, algunos de sus efectos son producto de “obras que no se realizaron”. Apuntó directamente al “crecimiento desordenado de la ciudad, sin infraestructura y con precariedad” como factor que incrementó el impacto en ciertas zonas. Semanas antes del temporal, Azcué había activado el Comité Operativo de Emergencia (COE), buscando preparar a la ciudad para absorber la masiva afluencia de agua prevista.
Actualmente, se realizan trabajos en bocas de tormenta, alcantarillas y canales, incluyendo una obra hidráulica con una inversión de $600 millones. No obstante, la magnitud de la amenaza y la evidente falta de preparación previa, puesta de manifiesto por los destrozos recientes y la abismal diferencia entre la ayuda y el costo de reparación, dejan a la ciudadanía con la legítima pregunta: ¿son estas acciones suficientes para un escenario que los propios funcionarios comparan con la catástrofe de 2015, justo al inicio de un año electoral?
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