Falta de gas con Vaca Muerta: El invierno revela la imprevisión y la desidia del Gobierno Nacional
La llegada del frío desnuda una vez más la recurrente problemática de la falta de gas en todo el país. Voces expertas advierten que la ausencia de una política energética integral y la desinversión en infraestructura clave son las causas de fondo de esta escasez.
El descenso de las temperaturas en Argentina ha traído consigo, una vez más, el lamentable clásico de la escasez de gas natural. Lo que antes era un problema predecible, ahora se anticipa cada año, dejando a estaciones de GNC, industrias y hogares a merced de la imprevisión. Desde la Asociación de Personal Jerárquico de la Industria del Gas (APJ GAS) se ha alertado repetidamente sobre la falta de una política energética integral y una planificación que anticipe las necesidades invernales como causales directas de este desabastecimiento.
La crítica apunta directamente al Gobierno nacional por la discontinuación de obras fundamentales. No se avanzó en el segundo tramo del Gasoducto Néstor Kirchner (rebautizado Perito Moreno), Enarsa no realizó los pagos para finalizar la reversión del Gasoducto Norte, y la Planta Compresora de Las Armas, con un 80% de avance y vital para Mar del Plata y seis distritos de la costa bonaerense, permanece inconclusa. A esto se suma el retraso en la compra de Gas Natural Licuado (GNL) tras un fallido intento de sumar un intermediario privado que elevó los precios en el marco de conflictos internacionales. La expectativa oficial de que «el mercado resolvería» los desafíos energéticos ha demostrado ser una ilusión costosa.
Con el repunte del consumo domiciliario por el frío, los cortes a estaciones de GNC y a industrias con contratos interrumpibles, siguiendo el protocolo habitual, se volvieron inevitables. Si bien el caso de La Plata, Berisso y Ensenada es especialmente crítico por tener el 87% de sus estaciones de GNC con contratos de este tipo, el problema de fondo no se limita a esa modalidad. La verdadera cuestión, y donde radica la negligencia, es la existencia de severas restricciones en el transporte de gas y la ausencia de inversión relevante en redes y gasoductos. Paradójicamente, el país produce más gas natural del que consume, pero carece de la infraestructura necesaria para transportarlo y distribuirlo.
Ante este panorama, las respuestas del Gobierno nacional se han limitado a aumentar las tarifas de gas mensualmente y a presionar a legisladores para que eliminen, en la práctica, el beneficio de la «zona fría», que alivia el costo de la calefacción en regiones más vulnerables. Tras el fracaso de la «calesita» con el GNL, se contrataron tardíamente barcos para junio y julio, con la doble complicación de precios más elevados y una semana de demora en la regasificación e inyección a la red. La pregunta sobre quién asumirá estos costos adicionales queda latente, mientras obras cruciales como la finalización del segundo tramo del gasoducto, la construcción del Tratayén-La Carlota y la conexión de miles de usuarios a la red, continúan postergadas.
Esta situación es una contradicción inaceptable para un país con los recursos energéticos de Argentina. La calidad de vida de sus ciudadanos debe ser la prioridad, por encima de la exportación de gas o la rentabilidad empresaria. La falta de gas que se siente en Concordia y en cada rincón del país es el resultado directo de una política energética errática y una visión cortoplacista. El «Estado ausente» no es solución, y la idea de que «el mercado solitario» resolverá un problema tan estructural y sensible, tampoco. Urge un plan a largo plazo que garantice el abastecimiento y el bienestar de todos.
Fuente: ver nota original