Salud pública en Concordia, al borde del colapso: mientras debaten el boleto, el personal «paga la comida en cuotas» y migra
Mientras el Concejo Deliberante de Concordia analiza un proyecto para el boleto gratuito del personal sanitario, los trabajadores del sector revelan una realidad de salarios insuficientes y una creciente demanda sobre el sistema público. Aseguran que muchos no alcanzan a cubrir la canasta básica y se ven obligados a endeudarse para lo esencial.
El proyecto de ordenanza que busca establecer un boleto gratuito para el personal sanitario en Concordia ha iniciado su camino en el Concejo Deliberante y podría ser el primer tema a tratar tras el receso legislativo. Con el respaldo de más de 700 firmas, la iniciativa propone aliviar un costo esencial para miles de profesionales, enfermeros, técnicos y auxiliares de hospitales, clínicas y centros de salud, tanto públicos como privados. Sin embargo, para Julio López, secretario general de la CTA Concordia y enfermero del Hospital Masvernat, esta medida apenas raspa la superficie de una crisis mucho más profunda que atraviesa al sector.
López describe un panorama salarial desolador que coloca a muchos trabajadores de la salud en una situación límite. Con ingresos que, en algunos casos, apenas superan los $500.000 de bolsillo, y otros que, tras los descuentos, llegan a cobrar menos de $200.000, la canasta básica se ha vuelto inalcanzable. «La gente se está endeudando para comer», denuncia el dirigente, graficando una realidad donde «está pagando la comida en cuotas», lejos de cualquier posibilidad de ahorro o inversión, y sin haber recibido aumentos salariales significativos en mucho tiempo.
El transporte es uno de los gastos que más golpea las ya magras finanzas del personal sanitario, con costos que rondan los $100.000 mensuales para quienes deben combinar trayectos o cubrir guardias en horarios poco cubiertos por el servicio público. La falta de colectivos en horarios nocturnos, fines de semana y feriados obliga a muchos a recurrir a remises o aplicaciones, disparando aún más el gasto. López relató el dramático caso de una compañera que, al salir del hospital a las diez de la noche, optaba por caminar hasta Barrio Fátima, confesando que debía elegir «entre pagar un colectivo o comprar un kilo de pan para mis hijos». Para el dirigente, el boleto sanitario no es un privilegio, sino una «inversión» para garantizar que el personal esté en su puesto cuando la comunidad lo necesita.
La precarización económica se suma a una sobrecarga insostenible del sistema de salud público. La imposibilidad de acceder a la atención privada empuja a una avalancha de pacientes hacia el hospital, colapsando los servicios y estirando al máximo los recursos humanos. Según López, la cantidad de enfermeros suplentes por turno se ha reducido casi a la mitad, pasando de cinco o seis a solo tres, dejando a un único enfermero a cargo de hasta diez pacientes de distinta complejidad. La situación en los Centros de Atención Primaria de Salud municipales no es menos grave, donde el número de trabajadores en condiciones precarias se desplomó de unos 500 a cerca de 300 a fines de 2023.
Esta presión constante tiene un impacto directo y alarmante en la salud mental del personal. «Tenemos muchos compañeros con cuadros depresivos y licencias médicas agravadas por la situación económica y la sobrecarga laboral», advirtió López. La falta de perspectivas y la asfixiante situación económica también están generando una preocupante fuga de talentos, con «muchos compañeros que se están yendo a Rosario o Buenos Aires» en busca de mejores condiciones. La situación, advierte la CTA, exige una respuesta integral que vaya más allá del transporte, abordando la dignidad salarial y la sostenibilidad de un sistema de salud esencial para todos los concordienses.
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