Comedores Escolares Bajo la Lupa: Un Experto Revela Serias Fallas Nutricionales en Entre Ríos
El nutricionista e investigador Sergio Britos puso el foco en la deficiente calidad de los alimentos que reciben los alumnos en los comedores escolares de la provincia. Advirtió que el sistema actual es «ineficiente» y carece de controles efectivos, con consecuencias directas en la salud de la infancia entrerriana.
La discusión sobre el futuro de los comedores escolares en Entre Ríos toma un giro crucial con la intervención del nutricionista e investigador Sergio Britos, integrante de Profesionales Expertos en Nutrición Infantil (Profeni). Britos, quien lleva años estudiando la alimentación escolar, tanto a nivel nacional como en nuestra provincia, advierte que el debate central debe ser la calidad nutricional de lo que comen nuestros chicos, y no solo la modalidad de compra. Su diagnóstico es contundente: el sistema alimentario escolar es, en líneas generales, «muy ineficiente» y «poco efectivo» en la mayoría de las escuelas de Argentina, incluyendo, claro, a Entre Ríos.
En el contexto entrerriano, la particularidad de un sistema descentralizado, donde cada establecimiento escolar gestiona sus propias compras, genera profundas inequidades. Esta autonomía, lejos de garantizar diversidad y calidad, deriva en una «irregularidad» y una «monotonía» que se traduce en una baja calidad de los alimentos adquiridos, según los estudios de su equipo. Britos es claro al señalar que esto no responsabiliza a los directivos, quienes a menudo hacen lo posible con recursos limitados, sino que apunta a la falta de supervisión: «como hay poco control, obviamente uno termina no sabiendo qué es lo que comen los chicos y cuál es la calidad», sentenció.
La magnitud del problema se hace tangible al observar ejemplos concretos. Los relevamientos realizados en Entre Ríos revelaron situaciones alarmantes en los desayunos escolares, que el especialista calificó de «preocupantes». En muchos casos, lo que se ofrece a los alumnos es «literalmente agua azucarada», una revelación que genera alarma sobre el verdadero aporte nutricional de estas prestaciones. Britos también profundizó en la legislación sobre sellos de advertencia, explicando que el criterio técnico actual puede ser engañoso, ya que calcula límites según la proporción calórica del alimento. Esto puede llevar a que productos con pocas calorías y cantidades mínimas de azúcar o sodio reciban un octógono, lo que desvirtúa la evaluación integral de la calidad nutricional de una dieta.
Frente a este panorama, el investigador insiste en que la calidad de un alimento no debe medirse solo por la presencia de un sello, sino por su composición completa, la cantidad consumida y, crucialmente, su aporte de proteínas, vitaminas y minerales. Para Britos, es imperativo evaluar la prestación alimentaria completa, garantizando que los alimentos sean «los mejores», con «buenos estándares en materia de contenido de micronutrientes y de nutrientes críticos». Esto implica un equilibrio que asegure el aporte nutritivo y limite el exceso de azúcares, sodio y grasas saturadas.
La pregunta central que lanza Britos al debate es si el sistema actual realmente ofrece alimentos nutritivos y saludables, acordes con los objetivos de una política alimentaria. Su voz se suma con fuerza a la creciente demanda de una revisión profunda del esquema vigente. La «modificación» y «reformulación del sistema alimentario escolar» es, para el experto, una iniciativa urgente. Es fundamental garantizar que todos los niños de la provincia tengan acceso a una alimentación adecuada, con criterios nutricionales bien definidos, controles efectivos y estándares comunes, una responsabilidad que interpela directamente a las autoridades locales y provinciales.
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