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Concordia: La Escuela Artigas, entre la electrificación y la precariedad, usa el kiosco como aula mientras espera obras

La comunidad educativa de la Escuela N° 2 “José Gervasio Artigas” de La Bianca se movilizó para denunciar la grave situación edilicia del establecimiento. Ante la inhabilitación de aulas por filtraciones y peligro de electrificación, docentes y alumnos se ven obligados a usar espacios como el kiosco y la biblioteca para no perder clases.

La paciencia se agotó en la comunidad educativa de la Escuela Secundaria N° 2 “José Gervasio Artigas” de La Bianca. Ayer por la tarde, padres, docentes y alumnos se congregaron en el acceso al barrio con carteles, visibilizando una realidad que pone en riesgo la seguridad y el derecho a la educación de cientos de jóvenes. Marisa Ibarrola, secretaria adjunta de AGMER Concordia, confirmó la movilización y recalcó que, a pesar de las condiciones precarias, la prioridad de la institución es seguir dictando clases, incluso recurriendo a espacios tan inusuales como el kiosco escolar.

El detonante de este conflicto, que lleva ya dos meses, fue una fuerte lluvia que azotó Concordia. El ingreso de agua por las cañerías que alojan el cableado eléctrico provocó la electrificación de paredes y dejó a estudiantes atrapados en aulas. Esta situación generó un temor fundado, sumado a que las canaletas rotas desvían el agua hacia los cimientos y muros, causando filtraciones y daños estructurales graves en todo el edificio.

Frente a la inacción, la comunidad no se quedó de brazos cruzados. Se sucedieron reuniones entre padres, docentes y el equipo directivo, con el acompañamiento de AGMER Concordia. Las protestas escalaron, incluyendo una movilización frente a la Dirección Departamental de Escuelas y una clase pública para exigir condiciones dignas. Finalmente, la presión logró que el responsable de la Departamental, Ernesto Alejandro Ramírez, se hiciera presente en la escuela para constatar la situación.

A pesar de los obstáculos, la voluntad de la comunidad educativa es inquebrantable: los chicos no perdieron ni un día de clases. Inicialmente, se recurrió a la virtualidad, pero la necesidad de presencialidad llevó a soluciones creativas y, a la vez, precarias. El kiosco de la escuela, el Salón de Usos Múltiples (SUM) y la biblioteca se convirtieron en aulas improvisadas, una muestra del compromiso docente frente a la deficiencia estatal.

La adaptación, sin embargo, no está exenta de problemas. En el kiosco, se dividió el espacio para ubicar un curso con pocos alumnos, mientras que en la biblioteca, cada vez que alguien necesita un libro, la clase se interrumpe. Ibarrola es clara al señalar que saben que no son los usos adecuados para estos espacios, pero la meta es evitar que los estudiantes pierdan contenido. Desde la Dirección de Arquitectura, prometieron que las obras comenzarían en 20 días, asegurando la existencia de un presupuesto aprobado. La escuela exige que se intervenga primero en las losas del techo y luego en la instalación eléctrica.

La comunidad educativa advierte: si en estas tres semanas no se observan los primeros movimientos de obra, se reunirán para evaluar nuevas medidas de protesta y el futuro de la presencialidad. Este no es un caso aislado. Ibarrola destacó que, si bien el gobierno provincial realiza relevamientos, el deplorable estado de escuelas como la Primaria N° 55 “Justo José de Urquiza” (sin clases por lluvia y humedad) o la Secundaria N°32 “Osvaldo Magnasco”, es público y notorio desde hace meses o años. La crítica es contundente: «Está bueno que hagan relevamientos, pero que se ocupen de esos relevamientos y que no queden solo en relevamientos y no se haga nada».

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